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3 de abril de 2012

Manía adulterada.


Y quizás lo que más hería mi orgullo de leona desgastada y amedrentada, era el mero hecho de tener que rendirme. El tener que conformarme con la derrota; el tener que dejar escapar el júbilo por el inexistente espacio que quedaba entre los labios, tan juntos que hasta las mandíbulas las sentía temblar.
No podía renunciar, no entonces, y desde luego, no cuando estaba todavía en un punto alejado completamente de la realidad. No cabía en la mente siquiera imaginarlo.
El odio me rugía en el pecho, desesperado por salir apenas transformado en un hálito tibio, mientras sabía que aquello era demasiado despreciable para sentirlo incluso hacia una persona de la cual sólo conocía el nombre.
     Sentía la suciedad en la conciencia de quien está a punto de cometer una brutalidad premeditada, y el temor de quien guarda un secreto a voces. Y con el tiempo, comencé también a sentir la amenaza de su anónima presencia en cada lugar que pisaba.
Los momentos de dicha empezaron a envidiar a los de tormento. Éstos se hacían cada vez  más largos y frecuentes, y el espectro de ese desdén me devoraba el sueño y el pensamiento.
Hubo un tiempo en que sentí endurecer las venas bajo mi piel, por la sangre envenenada que hervía recorriéndolas. No había duda de que la locura estaba haciendo mella en un recóndito lugar donde (no mucho) antes cupo la razón.
Fue cuando me hice consciente de las pérdidas; de todos y cada uno a los que había querido y que ya no estaban, y cuando me juré que no pararía hasta acabar con el fantasma de mi obsesión.


            Supuse que si lo encontraba cara a cara, y comprobaba que era de carne y hueso, ese hechizo se rompería y yo volvería a ser libre de nuevo. Y descansaría. Y tal vez, te volvería a rescatar a mi lado.

11 de octubre de 2011

Siento no poder.




Hay días como hoy, en los que debería acostarme sin más. Debería darle una patada al mundo y dejar de preocuparme, cerrar los ojos hasta que la luz de un nuevo amanecer me obligue a abrirlos.
Debería, debería. Pero no puedo.
Disfruto tanto con mi propio malestar que me obligo a pensar más minutos de los necesarios. Entonces la realidad se hace una bola cada vez más grande, adquiriendo mayor diámetro y se atasca en el espacio comprendido entre la razón (y el sentido) y los banales y peligrosos sentimientos.
No fluye ninguna corriente; ni positiva, ni negativa (¡qué bien me vendría un poco de alegría ahora mismo!). Estoy como atascada, entumecida, desorientada.

      Odio que las cosas se pongan en mi contra un día al azar del calendario.
Odio además que ese día coincida en un lunes.
Odio aún más que te pongas de acuerdo con todas esas cosas que odio y me hagas odiarte a ti y a tu odiosa ausencia fantasmal. 
Y es que sé que estás, pero no sé dónde encontrarte.
Y quiero buscarte a tientas en el abismo, pero me cortan los brazos.
Deseo volar para rescatarte, pero me atan las alas con candados.


Ya lo ves. Con mis interminables defectos sigo aquí, dispuesta a darlo todo de mí y más si es por ti.
Siento no poder quitármelos cada vez que te abrazo, cada vez que te recuerdo, como si fueran un abrigo o un disfraz. 
Siento no tener unas virtudes que eclipsen todo lo malo de mí.
Pero si algo tengo claro, es que  "no sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy"*

*(Gregorio Marañón)

27 de junio de 2011

Un último café.















El último café que recuerdo es el de tus ojos oscuros y fulminantes.
Intenso no al modo de los cafés italianos (que suelen ser más bien cortos)...no. Una intensidad que va más allá de eso, una intensidad que se queda impregnada y permanece, como acompañándome.

Desde ese momento, no he podido quitarme el sabor que tu mirada me dejó.
Cuántos cafés...¡cuántos! habré probado tras estar contigo, y ninguno ha sido capaz de revivir sensación alguna en mis sentidos malheridos y drogados.

Estoy deseando volver a encontrarme contigo para que el sabor que reside en mi recuerdo vuelva a estallar y me convenza de que eres tan real como el suelo ardiente bajo el sol o el suspiro que se me escapa entre los labios, al recrearme una y otra vez en esa inconfundible sensación.

21 de noviembre de 2010

Hold me, forever.



Me encanta cómo tus manos se ajustan a cada relieve de mi piel.
Pareciera que he sido diseñada exclusivamente para ellas...


Siempre vi tus manos como un objeto de deseo, de placer; siempre me sentí atraída por ellas.
No sé cómo, pero las quise sentir de cualquier forma imaginable. Incluso aunque fuesen de mármol, aunque fuesen frías. Llegaron a convertirse en mi mayor obsesión, día y noche.
Aprovechaba cada momento a mi alcance para contemplarlas...cada vena, cada surco dibujado por ellas en la piel, suave y marmórea. Al rozarlas casi sentía cada latido, y el calor que cualquier otro cuerpo desprendería por el continuo flujo de sangre viva.
Mantenía esas manos entre las mías cada día, hasta que contagiaba algo de mi calor en ellas.
Curiosamente, un día, al volver a tu encuentro, el rubor de mi piel no había desaparecido de la tuya: una extraña tibieza las avivaba, y un brillo tenue y casi imperceptible adornaba tus ojos etéreos y aún exánimes.

Seguí repitiendo la misma acción...días, semanas, meses...y poco a poco notaba cómo cada vez cobrabas más calor y más vida; retenías cada grado que yo te ofrecía. Incluso comencé a sentir como si por tus venas, esas que surcaban por tu piel suave y pétrea, circulase sangre preciosa, caliente y humana.
Comencé a notar al cabo de un tiempo que tu pecho latía y que ocasionales suspiros escapaban de él, aunque permanecieses inmóvil, en la misma posición de siempre...
Yo no dejaba de desear que fueses real a la par que perdía mis dedos por tu infinita piel, volviendo siempre a ese punto de origen causante de mi anhelo...tus manos...no podía dejar de hacerlo hasta entonces...
...entonces apretaste mis manos entre las tuyas, sin esperármelo apenas...y llevaste una de ellas hasta mi barbilla, para levantar mi mirada hacia la tuya, más viva que cualquier otra que jamás pudiese haber visto en un ser humano.
Una sonrisa se dibujó en el mármol, ahora rosado, de tu piel y no pude dar crédito de lo que estaba viviendo.
Uno de tus dedos se deslizó a mis labios y abandonaste tu sostenida posición para besarme y estrecharme contra tu cuerpo, amoldando tus manos en las formas de mi cuerpo, esculpiendo cada centímetro de mi piel con tus dedos.

Te hiciste real por fin, me hiciste tuya tantas noches que perdí la cuenta.
Eras mi sueño hecho realidad; por fin podía sentir tu corazón latiendo bajo mi oído, enredar mis dedos en tu pelo de plata delicado y sedoso, tocar tus labios perfectos como la obra de arte que eras, abrazarte y sentir tu estremecimento, besarte y sentir tu respuesta inmediata.
Los años pasaron y nada cambió, continuaste a mi lado como el primer día y el amor por el que cobraste vida parecía no acabar nunca.
Yo empecé a envejecer, pero tú continuaste fresco, perfecto, ágil, suave. Era doloroso ver cómo el tiempo me arrebataba tu compañía, me obligaba a separarme de ti.
Lo único que recuerdo de ti antes de desaparecer del mundo perecedero, son tus lágrimas calientes y tus manos, que toda una vida habían estado sosteniéndome cálidas y ardientes...esas a las que yo misma di vida, convirtiéndose en lo que fueron mucho tiempo atrás, mármol blanco, perfecto y frío rodeándome, contra tu pecho que paulatinamente dejaba de latir a la vez que yo dejaba de sentir.


Imposible olvidar todas los momentos en los que me hiciste tuya, los momentos en los que fuimos uno, una sola figura...Tu sonrisa, tu pelo, tu cuerpo y por encima de todo...tus manos.

26 de agosto de 2010

As long as I love you.

Quiero serlo todo para ti; ni más ni menos.

Quiero ser quien te saque una sonrisa cuando más lo necesites.
Quiero ser tu esclava en las noches de pasión.
Quiero ser la musa de todas tus fantasías.
Quien te abrace cuando en las noches de invierno haga frío.
Tu cómplice.
Tu evasión.
Quiero ser quien te coja de la mano cuando camines por la calle, hacia cualquier lugar.
Quiero ser tu universo, tu mundo, tu mejor fantasía.
Quien te bese por la mañana, por la tarde, por la noche; a cualquier hora del día.
Quien te muerda los labios, el cuello, la barbilla.
Quien te lleve a donde tú quieras...al mismísimo cielo; al infierno cuando desees lujuria.

Quiero quererte...disfrutar de nuestro presente...disfrutarte.
Dejarme absorber por el magnetismo de tu mirada.
Perder la consciencia mientras te enredas en mi pelo.
Dibujarte mil caminos en la piel.
Buscarte una y otra vez en los senderos de mi cama.
Atarme las muñecas para ti. Que me beses.
Ser tuya. Que me agotes. Que me ansíes. Que me incendies con tu calor irresistible.
Lo quiero todo. Quiero ser el aire que respiras.

"Yo cambio la primavera porque tú, me sigas mirando." - P.Neruda

20 de diciembre de 2009

FallingDown.

So I'm crawling away
'cause you broke my heart in two
No, I will not forget you

● ● ●

Así que huyo arrastrándome

porque rompiste mi corazón en dos
No, no te olvidaré


Llegaste a mi vida, y volcaste mi mundo, lo giraste hasta dejarme boca abajo, hasta dejarlo al revés. Vértigo y mareos como resultado...pérdida de la noción de la realidad.

Desde entonces, la razón y la lógica dejaron de tener sentido para mí.
Ahora siento que me caigo...
...voy directa a las nubes.

4 de diciembre de 2009

Dementia.

... I love all the dirty tricks
And twisted games you play on me...

Su mirada era tan penetrante que parecía llegar hasta lo más profundo de mí.
Me absorbía, me aturdía, me manipulaba con solo mirarme.
Era la razón de mi inquietud.
Cada vez que cerraba los ojos, veía en mi mente los suyos oscuros como inmensos agujeros negros, observándome.
Era más que una imagen, era una sensación que no podía borrar ni sustituir, ni tan siquiera atenuar...
Se despertaba y avivaba cada vez que me cruzaba con él.
Me quitaba el sueño, me enloquecía.

No podía ver otra cosa que no fuesen sus inmensos ojos demenciales, como abismos sin retorno.


...Me había convertido en una insignificante estrella atrapada por la atracción de dos asfixiantes agujeros negros. Ya nada podía salvarme.